sábado, 26 de septiembre de 2009

Una empresa es tan grande como el empresario

¿Qué hace grande a un empresario? El ser grande como persona y el entender la verdadera función del empresariado.
No hay vuelta de hoja. Una empresa es tan grande (o por ende tan pequeña) como el empresario. Si, en este mundo globalizado y dinámico, la totalidad de las empresas grandes y que nos vienen a la mente de manera inmediata, son corporativos o sociedades; pero la verdad, es que en México cerca del 86% de las empresas son microempresas; es decir, empresas con cerca o menos de una decena de empleados y generalmente pequeños contribuyentes o personas físicas con actividad empresarial o bajo régimen de honorarios. Sin embargo, tengo buenas noticias para los que sean socios: este artículo, también funciona para sociedades.
¿Qué hace grande a un empresario? El ser grande como persona y el entender la verdadera función del empresariado. Un empresario es una persona afortunada. Es una persona que ha roto las cadenas del ser empleado, decidió abandonar la seguridad de un cheque periódico, decidió correr el riesgo de dirigir en vez de ser dirigido. Ha hecho un guardadito que le permitió comprar algunos medios de producción y por si fuera poco, creó fuentes de trabajo para otras personas. Pero un empresario ha de mantener los pies en el piso. Un empresario debe saber de su negocio, debe saber saber. Esto implica que sin importar el grado de conocimiento que tenga al iniciar su negocio, debe tener como meta siempre estar a la vanguardia, no sólo de los elementos fundamentales de su negocio, sino de las ciencias, técnicas y demás que conforman la alta dirección de una empresa. Debe estar alta y continuamente capacitado. Un empresario debe saber hacer, es decir debe poder llevar a cabo cualquiera de las actividades que se llevan a cabo en la empresa con cierto grado de proficiencia; al menos debe saber qué hace cada puesto y como suplirlo de manera inmediata, como controlar las actividades y resultados de cada puesto. No se trata de caer en la microgerencia pero sí de conocer a fondo la realidad y movimiento del negocio y –en caso necesario- meter el hombro. Un empresario debe saber ser, debe hacer de la humildad y la sencillez su bandera de batalla; de la prudencia y la cautela en las formas, su tarjeta de presentación; de la audacia y la rapidez, sus armas de negocio; pero sobretodo un empresario debe saber servir. Entender que la empresa gana cuando ofrece productos, servicios o ideas que satisfacen al consumidor; que solamente el cliente hace que a la caja ingrese dinero, que todos los demás –incluyendo él- sacan dinero de la caja (aunque tal vez el costo sea el menor posible).
¿Qué hace grande a una sociedad? La grandeza de los socios y el respeto al origen, vida y fin de la sociedad. Verás, lo difícil no es iniciar una sociedad, al inicio todo son sueños y todos los números pintan para un éxito rotundo. Tal vez por eso lo que menos se pone en firme al iniciar una sociedad, es precisamente el qué hacer cuando ya no se quiera estar en la misma. Los socios han de entender que son socios para hacer un negocio exitoso, lo demás es lo de menos. Suena difícil, hasta imposible, pero es sentido común. Mientras cada socio haga su labor de manera responsable, productiva y exitosa lo que pase fuera de la sociedad, déjese al libre albedrío de cada socio. Ahora cuando algún socio más por regla que por excepción no haga su labor, es menester cortar por lo sano; claro está a menos que luego se esté dispuesto a pasar por el inevitable “él no trabaja, yo sí”; “si yo…”, “si el….” Etc. Afrontémoslo, sólo por un rato puede alguien no hacer la chamba y los demás cubrirlo sin mayor problema, luego… luego siempre nacen rencores, envidias. En resumen, las sociedades existen para repartir los derechos y las obligaciones en la manera en que los socios decidan; cualquier otro escenario genera conflicto y todo conflicto tiene dos salidas, huir o afrontar.

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